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Agricultura y seguridad alimentaria en América Latina

seguridad alimentaria

La agricultura es una actividad económica fundamental para el desarrollo de América Latina, ya que contribuye al crecimiento, al empleo, a la reducción de la pobreza y a la seguridad alimentaria de la región. Sin embargo, la agricultura latinoamericana enfrenta grandes desafíos para garantizar la sostenibilidad ambiental, social y económica de sus sistemas productivos, así como para adaptarse y mitigar los efectos del cambio climático.

La seguridad alimentaria se define como la situación en la que todas las personas tienen acceso físico, social y económico a alimentos suficientes, seguros y nutritivos que satisfagan sus necesidades y preferencias alimentarias para llevar una vida activa y saludable. La seguridad alimentaria depende de cuatro dimensiones: la disponibilidad, el acceso, la utilización y la estabilidad de los alimentos.

En este artículo, se analiza la situación de la agricultura y la seguridad alimentaria en América Latina, se identifican los principales retos y oportunidades para mejorarlas, y se proponen algunas recomendaciones de políticas públicas para lograrlo.

Situación de la agricultura y la seguridad alimentaria en América Latina

La agricultura latinoamericana se caracteriza por su diversidad, tanto en términos de sistemas productivos, como de actores, recursos, mercados y políticas. La región cuenta con una gran variedad de climas, ecosistemas, cultivos, ganadería, pesca y acuicultura, que le permiten producir una amplia gama de alimentos para el consumo interno y la exportación. Según la FAO, América Latina y el Caribe producen el 14% de los alimentos del mundo, y son el mayor exportador neto de alimentos a nivel global.

La agricultura también es una fuente importante de ingresos y empleo para la población rural, que representa el 19% de la población total de la región. Según el Banco Mundial, el sector agrícola emplea al 16% de la fuerza laboral de América Latina y el Caribe, y genera el 5% del producto interno bruto (PIB) regional. Además, la agricultura tiene un papel clave para la conservación de la biodiversidad, los recursos naturales y los servicios ecosistémicos, que son fundamentales para el bienestar humano y el desarrollo sostenible.

En cuanto a la seguridad alimentaria, América Latina y el Caribe han logrado avances significativos en las últimas décadas, reduciendo el número y la proporción de personas que sufren hambre y malnutrición. Según la FAO, el porcentaje de personas subalimentadas en la región pasó del 14,7% en 1990-92 al 6,5% en 2014-16, lo que significa que se alcanzó el objetivo del Milenio de reducir a la mitad el hambre para 2015. Asimismo, la prevalencia de la desnutrición crónica infantil se redujo del 24,5% al 11,3% en el mismo período, y la de la anemia del 39,2% al 18,3%.

Sin embargo, estos avances no son suficientes ni homogéneos, y persisten importantes brechas y desafíos para garantizar el derecho a la alimentación de toda la población. Según la FAO, aún hay 34 millones de personas que padecen hambre en América Latina y el Caribe, y 47 millones que viven en extrema pobreza.

Además, la región enfrenta el problema de la malnutrición por exceso, que se refleja en el aumento de la obesidad y el sobrepeso, que afectan al 23% de los adultos y al 7% de los niños menores de cinco años. Estos problemas de malnutrición tienen graves consecuencias para la salud, la productividad y el desarrollo humano de la región.

Retos y oportunidades para la agricultura y la seguridad alimentaria en América Latina

La agricultura y la seguridad alimentaria de América Latina se ven afectadas por diversos factores, tanto internos como externos, que plantean retos y oportunidades para su mejora. Entre estos factores se pueden mencionar los siguientes:

El cambio climático

El cambio climático es una de las mayores amenazas para la agricultura y la seguridad alimentaria de la región, ya que altera los patrones de precipitación, temperatura, plagas y enfermedades, y aumenta la frecuencia e intensidad de eventos climáticos extremos, como sequías, inundaciones, huracanes y heladas . Estos fenómenos afectan negativamente la producción, la calidad y la disponibilidad de los alimentos, así como la infraestructura, los medios de vida y la salud de los productores y consumidores .

Según la FAO, el cambio climático podría reducir el PIB agrícola de América Latina y el Caribe entre un 1,5% y un 4,5% para 2050, y aumentar el número de personas en riesgo de hambre en 10 millones. Por otro lado, el cambio climático también ofrece oportunidades para la innovación, la adaptación y la mitigación en el sector agrícola, mediante el uso de tecnologías, prácticas y políticas que promuevan la resiliencia, la eficiencia y la sostenibilidad de los sistemas productivos .

La globalización y la integración regional

La globalización y la integración regional son procesos que influyen en la dinámica de la agricultura y la seguridad alimentaria de la región, al generar cambios en los mercados, las cadenas de valor, las preferencias de los consumidores, las normas sanitarias y fitosanitarias, y las políticas comerciales . Estos procesos pueden tener efectos positivos o negativos, dependiendo de la capacidad de los actores agrícolas para aprovechar las oportunidades y enfrentar los desafíos que se presentan .

Por ejemplo, la globalización y la integración regional pueden facilitar el acceso a nuevos mercados, tecnologías, conocimientos e inversiones, que pueden mejorar la competitividad, la productividad y la diversificación de la agricultura latinoamericana . Sin embargo, también pueden aumentar la exposición a la competencia, la volatilidad, los choques externos y las presiones sobre los recursos naturales, que pueden afectar la viabilidad, la equidad y la sostenibilidad de la agricultura latinoamericana .

La transformación rural

La transformación rural es un proceso que implica cambios estructurales, institucionales, sociales y culturales en el ámbito rural, que tienen implicaciones para la agricultura y la seguridad alimentaria de la región . Entre estos cambios se pueden destacar el aumento de la urbanización, la migración, la conectividad, la educación, la participación, la diversificación, la inclusión y la innovación en el medio rural .

Estos cambios pueden generar oportunidades para el desarrollo rural, al mejorar las condiciones de vida, el acceso a los servicios, los ingresos y el empoderamiento de los actores rurales, especialmente de los más vulnerables, como las mujeres, los jóvenes, los indígenas y los afrodescendientes . No obstante, también pueden generar desafíos para el desarrollo rural, al generar desigualdades, conflictos, pérdida de identidad, abandono de la actividad agrícola y deterioro de los recursos naturales .

Recomendaciones de políticas públicas para la agricultura y la seguridad alimentaria en América Latina

Para mejorar la agricultura y la seguridad alimentaria en América Latina, se requiere de una acción coordinada y participativa de los diferentes actores e instituciones involucrados, tanto a nivel nacional como regional . Entre las posibles políticas públicas que se podrían implementar se pueden sugerir las siguientes:

Promover una agricultura sostenible, resiliente e inclusiva, que contribuya a la seguridad alimentaria y nutricional, al desarrollo rural, a la conservación de los recursos naturales y a la mitigación y adaptación al cambio climático.

Fomentar la innovación, la investigación y la transferencia de tecnologías, conocimientos y prácticas que mejoren la productividad, la calidad, la diversificación y la competitividad de la agricultura latinoamericana, tanto en los mercados internos como externos.

Para ello, se podrían adoptar medidas como: fortalecer la inversión pública y privada en ciencia, tecnología e innovación agrícola; impulsar la cooperación y el intercambio entre los actores del sistema nacional de innovación agrícola, incluyendo a los productores, los investigadores, los extensionistas, los educadores, los empresarios y los consumidores; facilitar el acceso y el uso de las tecnologías de la información y la comunicación, la biotecnología, la agroecología y otras tecnologías emergentes; y promover la protección de los derechos de propiedad intelectual y el acceso a los recursos genéticos y al conocimiento tradicional.

Apoyar la inclusión, la equidad y la participación de los actores agrícolas, especialmente de los más vulnerables y marginados, como las mujeres, los jóvenes, los indígenas, los afrodescendientes, los pequeños productores y los agricultores familiares. Para ello, se podrían adoptar medidas como: mejorar el acceso a los recursos productivos, financieros, educativos y sociales, como la tierra, el agua, el crédito, la capacitación, la salud y la seguridad social; fomentar la organización, la asociatividad, el empoderamiento y el liderazgo de los actores agrícolas, mediante el fortalecimiento de sus capacidades, redes, organizaciones y plataformas de diálogo y negociación.

Reconocer y valorar la diversidad, la identidad, la cultura y los saberes de los actores agrícolas, respetando sus derechos humanos, colectivos y territoriales; y garantizar la igualdad de género y de oportunidades, eliminando las barreras y las discriminaciones que afectan a las mujeres y a otros grupos en situación de vulnerabilidad.

Fortalecer la gobernabilidad, la coordinación y la coherencia de las políticas públicas para la agricultura y la seguridad alimentaria, tanto a nivel nacional como regional. Para ello, se podrían adoptar medidas como: establecer marcos legales, institucionales y normativos que faciliten la implementación, el seguimiento y la evaluación de las políticas públicas para la agricultura y la seguridad alimentaria; impulsar la articulación, la complementariedad y la sinergia entre las diferentes políticas, programas y proyectos que inciden en la agricultura y la seguridad alimentaria, evitando la duplicidad, la fragmentación y la contradicción.

Promover la participación, la consulta y la rendición de cuentas de los actores e instituciones involucrados en la agricultura y la seguridad alimentaria, asegurando la transparencia, la información y la comunicación; y fomentar la integración y la cooperación regional e internacional, aprovechando los espacios y mecanismos existentes, como el Mercosur, la Comunidad Andina, la Alianza del Pacífico, la CELAC, el SICA, el CARICOM, la FAO, el IICA, el BID, el BM y otros.

Referencias bibliográficas

  • FAO. (2017). Panorama de la seguridad alimentaria y nutricional en América Latina y el Caribe 2017. Santiago de Chile: FAO.
  • FAO. (2018). El estado mundial de la agricultura y la alimentación 2018. Roma: FAO.
  • FAO. (2019). El estado de los recursos de la tierra y el agua para la alimentación y la agricultura en el mundo 2019. Roma: FAO.
  • FAO. (2020). El estado de la biodiversidad para la alimentación y la agricultura en el mundo 2020. Roma: FAO.
  • Banco Mundial. (2017). Agricultura, desarrollo rural y cambio climático en América Latina y el Caribe. Washington D.C.: Banco Mundial.
  • Banco Mundial. (2019). Agricultura, desarrollo rural y pobreza en América Latina y el Caribe. Washington D.C.: Banco Mundial.
  • Banco Mundial. (2020). Agricultura, desarrollo rural e innovación en América Latina y el Caribe. Washington D.C.: Banco Mundial.

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