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Desafíos del sector financiero en América Latina

sector financiero

El sector financiero es el conjunto de instituciones, mercados e instrumentos que facilitan la intermediación financiera, es decir, el flujo de recursos entre ahorradores e inversionistas. El sector financiero cumple una función esencial para el desarrollo económico y social de los países, ya que permite canalizar el ahorro hacia la inversión productiva, mejorar la asignación de recursos, diversificar los riesgos, facilitar el comercio y el pago de bienes y servicios, y promover la inclusión financiera.

Sin embargo, el sector financiero en América Latina enfrenta una serie de desafíos que limitan su capacidad para contribuir al crecimiento sostenible e inclusivo de la región. Estos desafíos se han agravado por el impacto de la pandemia de COVID-19, que ha generado una profunda crisis sanitaria, económica y social, con efectos adversos sobre la actividad económica, el empleo, la pobreza, la desigualdad, la estabilidad macroeconómica y la sostenibilidad ambiental.

En este contexto, el presente artículo tiene como objetivo analizar los principales desafíos que enfrenta el sector financiero en América Latina, así como las posibles medidas de política para afrontarlos. Para ello, se estructura en cuatro secciones: la primera sección presenta una breve descripción del sector financiero en la región; la segunda sección identifica los desafíos estructurales que limitan el desarrollo financiero; la tercera sección examina los desafíos coyunturales que plantea la crisis del COVID-19; y la cuarta sección propone algunas recomendaciones de política para superar estos desafíos.

El sector financiero en América Latina: características y evolución

El sector financiero en América Latina se caracteriza por ser relativamente pequeño, poco profundo, concentrado y dolarizado, en comparación con otras regiones del mundo. Según datos del Banco Mundial, el crédito al sector privado como porcentaje del PIB en América Latina y el Caribe era de 47,4% en 2019, muy por debajo del promedio mundial de 104,6% y del promedio de los países de ingreso alto de 153,8%. Asimismo, el tamaño de los mercados de valores y de bonos era de 48,9% y 51,4% del PIB, respectivamente, también inferiores al promedio mundial de 62,2% y 67,2%, respectivamente.

La profundidad financiera en la región ha mostrado una tendencia creciente en las últimas décadas, impulsada por la estabilización macroeconómica, la apertura financiera, la reforma regulatoria, la innovación tecnológica y la mayor competencia. Sin embargo, este proceso se ha visto afectado por episodios de volatilidad financiera, crisis cambiarias y bancarias, y shocks externos, que han generado retrocesos y heterogeneidades en el desarrollo financiero entre los países de la región.

El sector financiero en América Latina también se caracteriza por tener una alta concentración, tanto a nivel de instituciones como de mercados. Según datos del Fondo Monetario Internacional, el índice de Herfindahl-Hirschman, que mide el grado de concentración de mercado, era de 0,18 para el sistema bancario y de 0,25 para el mercado de valores en América Latina en 2018, superiores al promedio mundial de 0,13 y 0,16, respectivamente. Esta concentración puede reducir la competencia, la eficiencia y la diversificación del sector financiero, así como aumentar el riesgo sistémico y la vulnerabilidad a los shocks.

Otra característica distintiva del sector financiero en América Latina es el grado de dolarización, es decir, el uso de monedas extranjeras, principalmente el dólar estadounidense, como medio de pago, unidad de cuenta y reserva de valor. Según datos del Banco Interamericano de Desarrollo, el promedio de la dolarización de los depósitos y los créditos bancarios en América Latina era de 15,4% y 12,6%, respectivamente, en 2019, aunque con una gran variación entre los países.

La dolarización puede tener ventajas, como reducir el costo del financiamiento, facilitar el comercio internacional y proteger el poder adquisitivo. Sin embargo, también puede tener desventajas, como limitar la efectividad de la política monetaria, generar descalces cambiarios, inducir a la fuga de capitales y aumentar la exposición a los shocks externos.

Los desafíos estructurales del desarrollo financiero en América Latina

El desarrollo financiero es el proceso de mejora de la cantidad, la calidad y la eficiencia de los servicios financieros, así como de su acceso y uso por parte de los agentes económicos. El desarrollo financiero puede contribuir al crecimiento económico, al aumentar la inversión, la productividad y la innovación; a la inclusión social, al facilitar el acceso al crédito, el ahorro, el seguro y el pago de los sectores más vulnerables; y a la estabilidad macroeconómica, al mejorar la gestión de riesgos, la asignación de recursos y la transmisión de la política monetaria.

Sin embargo, el desarrollo financiero en América Latina enfrenta una serie de desafíos estructurales que limitan su potencial y su impacto. Estos desafíos se pueden agrupar en cuatro dimensiones: la profundización financiera, la inclusión financiera, la estabilidad financiera y la sostenibilidad financiera.

La profundización financiera

La profundización financiera se refiere al aumento del tamaño, la diversidad y la sofisticación de los servicios financieros, así como de su relación con el tamaño de la economía. La profundización financiera puede medirse a través de indicadores como el crédito al sector privado, el tamaño de los mercados de valores y de bonos, y el grado de intermediación financiera.

La profundización financiera en América Latina es baja en comparación con otras regiones del mundo, lo que implica una insuficiente movilización y canalización del ahorro hacia la inversión productiva, así como una limitada oferta y demanda de instrumentos financieros que permitan diversificar y gestionar los riesgos. Entre los factores que explican esta situación se encuentran:

  • La baja calidad institucional, que afecta la seguridad jurídica, el cumplimiento de los contratos, la protección de los derechos de propiedad, la transparencia y la gobernabilidad del sector financiero.
  • La elevada informalidad, que reduce la base tributaria, el ahorro formal, la bancarización y el acceso al crédito de una gran parte de la población y de las empresas, especialmente las micro, pequeñas y medianas.
  • La baja competencia, que genera ineficiencias, altos costos de intermediación, bajas tasas de interés pasivas, altas tasas de interés activas, y una limitada innovación y diversificación de productos y servicios financieros.
  • La insuficiente infraestructura financiera, que comprende los sistemas de información crediticia, los sistemas de pago, los sistemas de compensación y liquidación, y los marcos regulatorios y de supervisión, que son esenciales para el funcionamiento eficiente y seguro del sector financiero.
  • La escasa educación financiera, que implica un bajo nivel de conocimientos, habilidades y actitudes financieras de la población, lo que dificulta el uso adecuado y responsable de los servicios financieros, así como la toma de decisiones informadas y racionales sobre el ahorro, el crédito, el seguro y el pago.

La inclusión financiera

La inclusión financiera en el sector financiero se refiere al acceso y uso efectivo de los servicios financieros por parte de todos los segmentos de la población, especialmente los más pobres y excluidos. La inclusión financiera puede medirse a través de indicadores como el porcentaje de adultos con una cuenta bancaria, el porcentaje de adultos que han solicitado un crédito formal, el porcentaje de adultos que han ahorrado formalmente, y el porcentaje de adultos que han usado un servicio de pago digital.

La inclusión financiera en América Latina es baja en comparación con otras regiones del mundo, lo que implica una limitada participación de una gran parte de la población y de las empresas en el sistema financiero, así como una reducida oportunidad de mejorar su bienestar económico y social. Entre los factores que explican esta situación se encuentran:

  • La pobreza y la desigualdad, que afectan la capacidad de ingreso, ahorro y consumo de una gran parte de la población, así como su acceso a oportunidades económicas y sociales.
  • La baja penetración bancaria, que implica una escasa presencia de sucursales, cajeros automáticos y agentes corresponsales en zonas rurales y urbanas marginales, lo que dificulta el acceso físico y geográfico a los servicios financieros.
  • Los altos costos de transacción, que incluyen las comisiones, los requisitos, los trámites y los tiempos de espera para acceder y usar los servicios financieros, lo que desincentiva la demanda y la oferta de los mismos.
  • La falta de productos y servicios financieros adecuados a las necesidades, preferencias y características de los segmentos más vulnerables, como las mujeres, los jóvenes, los indígenas, los afrodescendientes, los migrantes, los agricultores, los emprendedores, entre otros.
  • La baja confianza en el sistema financiero, que se refleja en el escepticismo, la desconfianza y el temor de la población hacia las instituciones financieras, debido a experiencias negativas, percepciones erróneas o falta de información.

La estabilidad financiera

La estabilidad financiera se refiere a la capacidad del sector financiero de absorber y mitigar los shocks internos y externos, sin comprometer su funcionamiento normal y sin generar efectos negativos sobre la economía real. La estabilidad financiera puede medirse a través de indicadores como el índice de morosidad, el índice de solvencia, el índice de liquidez, el índice de apalancamiento y el índice de volatilidad.

La estabilidad financiera en América Latina es frágil en comparación con otras regiones del mundo, lo que implica una mayor vulnerabilidad y exposición a los riesgos financieros, así como una menor capacidad de respuesta y recuperación ante las crisis. Entre los factores que explican esta situación se encuentran:

  • La alta dependencia de la financiación externa afecta el sector financiero, que implica una mayor sensibilidad a los cambios en las condiciones financieras internacionales, como las tasas de interés, los tipos de cambio, los flujos de capitales y la aversión al riesgo.
  • La elevada dolarización, que genera descalces cambiarios entre los activos y los pasivos de los agentes económicos, lo que aumenta el riesgo de insolvencia y de iliquidez ante las fluctuaciones del tipo de cambio.
  • La baja diversificación, que implica una concentración de los activos y los pasivos del sector financiero en pocos sectores, mercados e instrumentos, lo que reduce la capacidad de dispersar y transferir los riesgos financieros.
  • La insuficiente regulación y supervisión, que implica una falta de normas, mecanismos e instituciones que garanticen el cumplimiento de los estándares prudenciales, la prevención del lavado de activos, la protección al consumidor financiero y la resolución de las crisis financieras.
  • La limitada coordinación, que implica una falta de articulación y coherencia entre las autoridades financieras, monetarias y fiscales, así como entre los países de la región, para diseñar e implementar políticas macroprudenciales, microprudenciales y de estabilidad financiera.

La sostenibilidad financiera

La sostenibilidad financiera se refiere a la capacidad del sector financiero de contribuir al desarrollo sostenible, es decir, al desarrollo que satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras de satisfacer las suyas. La sostenibilidad financiera puede medirse a través de indicadores como el porcentaje de crédito verde, el porcentaje de inversión socialmente responsable, el porcentaje de emisión de bonos verdes y sociales, y el porcentaje de instituciones financieras que adoptan los principios de finanzas sostenibles.

La sostenibilidad financiera en América Latina es incipiente en comparación con otras regiones del mundo, lo que implica una limitada contribución del sector financiero a la mitigación y adaptación al cambio climático, a la reducción de la pobreza y la desigualdad, a la promoción de los derechos humanos y la diversidad, y a la mejora de la gobernabilidad y la transparencia. Entre los factores que explican esta situación se encuentran:

  • La baja conciencia y sensibilidad, que implica un bajo nivel de conocimiento, interés y compromiso de los agentes económicos con los temas ambientales, sociales y de gobernabilidad, así como con sus implicancias financieras y no financieras.
  • La escasa demanda y oferta, que implica una reducida disponibilidad y accesibilidad de productos y servicios financieros que incorporen criterios de sostenibilidad, así como una limitada demanda y preferencia por los mismos por parte de los consumidores e inversionistas.
  • La falta de incentivos y regulación, que implica una ausencia de mecanismos que estimulen y orienten el comportamiento de los agentes económicos hacia la sostenibilidad financiera, como los subsidios, los impuestos, las normas, las certificaciones y las etiquetas.
  • La insuficiente información y medición, que implica una carencia de datos, indicadores y metodologías que permitan identificar, evaluar y reportar el desempeño y el impacto de los agentes económicos en materia de sostenibilidad financiera, así como de divulgar y verificar dicha información.
  • La limitada capacidad y formación, que implica un bajo nivel de competencias, habilidades y conocimientos de los agentes económicos para incorporar la sostenibilidad financiera en sus decisiones, operaciones y estrategias, así como para innovar y adaptarse a los cambios.

Los desafíos coyunturales del sector financiero en América Latina ante la crisis del COVID-19

La crisis del COVID-19 ha representado un shock sin precedentes para el sector financiero en América Latina, que ha tenido que enfrentar una serie de desafíos coyunturales para mitigar sus efectos negativos y apoyar la recuperación económica y social de la región. Estos desafíos se pueden agrupar en tres dimensiones: la provisión de liquidez, el apoyo al crédito y la preservación de la solvencia.

La provisión de liquidez

La provisión de liquidez se refiere a la capacidad del sector financiero de satisfacer las necesidades de financiamiento de corto plazo de los agentes económicos, así como de facilitar el funcionamiento normal de los mercados financieros. La provisión de liquidez es esencial para evitar la interrupción de la cadena de pagos, la contracción de la actividad económica y la propagación de la crisis financiera.

La crisis del COVID-19 ha generado una fuerte caída de la demanda agregada, una intensa salida de capitales, una marcada depreciación de las monedas locales, una elevada volatilidad de los mercados financieros y una creciente incertidumbre sobre el futuro de la economía. Estos factores han provocado una severa escasez de liquidez en el sector financiero, que ha requerido de una rápida y contundente respuesta de las autoridades monetarias y financieras.

Entre las medidas adoptadas por las autoridades para proveer liquidez al sector financiero se encuentran:

  • La reducción de las tasas de interés de referencia, que ha buscado abaratar el costo del financiamiento, estimular la demanda de crédito y apoyar la reactivación económica.
  • La ampliación de las facilidades de liquidez, que ha buscado proveer recursos adicionales a las instituciones financieras, ampliando los plazos, los montos, las garantías y los instrumentos elegibles para acceder a dichas facilidades.
  • La flexibilización de los requerimientos de liquidez, que ha buscado otorgar mayor margen de maniobra a las instituciones financieras, reduciendo o suspendiendo temporalmente los coeficientes de liquidez y los encajes bancarios que deben cumplir.
  • La intervención en los mercados cambiarios y financieros, que ha buscado contener la presión sobre el tipo de cambio, estabilizar las expectativas, reducir la volatilidad y mejorar el funcionamiento de los mercados.

El apoyo al crédito

El apoyo al crédito se refiere a la capacidad del sector financiero de proveer financiamiento de mediano y largo plazo a los agentes económicos, así como de aliviar la carga financiera de los deudores afectados por la crisis. El apoyo al crédito es fundamental para preservar la solvencia y la viabilidad de las empresas y los hogares, así como para impulsar la inversión, el empleo y el consumo.

La crisis del COVID-19 ha generado una fuerte contracción de la oferta y la demanda de crédito en el sector financiero, debido a la caída de los ingresos, el aumento de la morosidad, el deterioro de la calidad de los activos, el endurecimiento de las condiciones crediticias y la reducción de la rentabilidad de las instituciones financieras. Estos factores han requerido de una amplia y coordinada acción de las autoridades fiscales y financieras.

Entre las medidas adoptadas por las autoridades para apoyar el crédito al sector financiero se encuentran:

  • La implementación de programas de garantías públicas, que han buscado facilitar el acceso al crédito de las empresas y los hogares, especialmente los más afectados por la crisis, mediante el otorgamiento de avales parciales o totales por parte del Estado o de entidades públicas.
  • La concesión de subsidios y beneficios tributarios, que han buscado reducir el costo del crédito y mejorar la capacidad de pago de los deudores, mediante el otorgamiento de subsidios a las tasas de interés, la exoneración o el diferimiento de impuestos, y la condonación o el alivio de deudas.
  • La flexibilización de los criterios de clasificación y provisión, que han buscado evitar el deterioro de la cartera crediticia y la afectación del patrimonio de las instituciones financieras, mediante la ampliación o la suspensión temporal de los plazos, los montos, las garantías y los requisitos para clasificar y provisionar los créditos.
  • La promoción de la reestructuración y refinanciación de créditos, que han buscado facilitar la renegociación de las condiciones de los créditos existentes, mediante la extensión o la modificación de los plazos, los montos, las tasas, las cuotas y las garantías de los créditos.

La preservación de la solvencia

La preservación de la solvencia se refiere a la capacidad del sector financiero de mantener un nivel adecuado de capital y reservas que le permita absorber las pérdidas potenciales y cumplir con sus obligaciones financieras. La preservación de la solvencia es clave para garantizar la confianza, la seguridad y la continuidad del sector financiero, así como para prevenir el contagio y la profundización de la crisis financiera.

La crisis del COVID-19 ha generado una fuerte presión sobre la solvencia del sector financiero, debido al aumento de las provisiones, la disminución de los ingresos, la caída de los precios de los activos, el incremento de los riesgos y la reducción de las fuentes de financiamiento. Estos factores han requerido de una prudente y oportuna gestión de las autoridades financieras y de las propias instituciones financieras.

Entre las medidas adoptadas por las autoridades y las instituciones financieras para preservar la solvencia del sector financiero se encuentran:

  • La revisión de los requerimientos de capital, que ha buscado asegurar que las instituciones financieras cuenten con un nivel suficiente y adecuado de capital para hacer frente a los escenarios adversos en el sector financiero, mediante el ajuste o la suspensión temporal de los coeficientes de capital mínimo, los colchones de capital y los límites de apalancamiento que deben cumplir.
  • La implementación de planes de contingencia, que ha buscado anticipar y mitigar los posibles impactos de la crisis sobre la solvencia de las instituciones financieras, mediante la elaboración y ejecución de planes de acción, de recuperación y de resolución que contemplen medidas preventivas, correctivas y de emergencia.
  • La realización de pruebas de estrés, que ha buscado evaluar la capacidad de resistencia y de respuesta de las instituciones financieras ante los shocks, mediante la simulación de escenarios extremos pero plausibles que afecten a los principales factores de riesgo, como el riesgo de crédito, el riesgo de mercado, el riesgo de liquidez y el riesgo operacional.
  • La adopción de medidas de gobierno corporativo, que ha buscado fortalecer la gestión, el control y la supervisión de las instituciones financieras, mediante la mejora de las prácticas, los procesos, los sistemas y los órganos de gobierno corporativo, así como la promoción de la transparencia, la rendición de cuentas y la responsabilidad social.

Las recomendaciones de política para superar los desafíos del sector financiero en América Latina

El sector financiero en América Latina tiene un rol fundamental para apoyar la recuperación económica y social de la región tras la crisis del COVID-19, así como para contribuir al desarrollo sostenible e inclusivo de la misma. Para ello, es necesario superar los desafíos estructurales y coyunturales que enfrenta el sector financiero, así como aprovechar las oportunidades y potencialidades que ofrece el mismo.

En este sentido, se proponen las siguientes recomendaciones de política para el sector financiero en América Latina:

  • Profundizar el desarrollo financiero, mediante el fortalecimiento de la calidad institucional, la reducción de la informalidad, el fomento de la competencia, el desarrollo de la infraestructura financiera y la promoción de la educación financiera.
  • Ampliar la inclusión financiera, mediante el aumento de la penetración bancaria, la reducción de los costos de transacción, el diseño de productos y servicios financieros adecuados, el incremento de la confianza en el sistema financiero y la explotación de las tecnologías financieras.
  • Preservar la estabilidad financiera, mediante la diversificación de la financiación externa, la reducción de la dolarización, la ampliación de la oferta y demanda de instrumentos financieros, el fortalecimiento de la regulación y supervisión y la mejora de la coordinación entre las autoridades.
  • Impulsar la sostenibilidad financiera, mediante el aumento de la conciencia y sensibilidad, la expansión de la demanda y oferta de productos y servicios financieros sostenibles, la creación de incentivos y regulación, el mejoramiento de la información y medición y la capacitación y formación de los agentes económicos.

Estas recomendaciones de política requieren de un enfoque integral, holístico y participativo, que involucre a todos los actores relevantes del sector financiero, como las autoridades, las instituciones financieras, los consumidores, los inversionistas, los reguladores, los supervisores, los académicos, los medios de comunicación, las organizaciones de la sociedad civil, entre otros. Asimismo, requieren de una visión estratégica, dinámica y adaptativa, que considere las particularidades, las prioridades y las capacidades de cada país, así como los cambios y las tendencias del entorno nacional e internacional.

Referencias bibliográficas

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