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Juventud y oportunidades laborales en América Latina

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La juventud es una etapa de la vida llena de sueños, proyectos, expectativas y con grandes oportunidades laborales. Sin embargo, para muchos jóvenes en América Latina, el acceso al mercado laboral se presenta como un obstáculo para alcanzar sus metas y desarrollar su potencial. En esta publicación, analizaremos la situación del empleo juvenil en la región, los desafíos y las perspectivas que se abren ante el nuevo escenario laboral, y algunas posibles soluciones para mejorar las oportunidades de los jóvenes.

El problema del desempleo y la informalidad juvenil

Según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en América Latina y el Caribe hay 108 millones de jóvenes entre 15 y 24 años de edad, de los cuales el 13,9% (15 millones) padecen el desempleo sin oportunidades laborales, y el 55,6% de los ocupados se encuentran en condiciones de informalidad. Estas cifras son alarmantes, ya que revelan que la mayoría de los jóvenes no tiene acceso a oportunidades laborales o a un trabajo digno, productivo y protegido, que les permita generar ingresos suficientes, adquirir experiencia y capacitación, y contribuir al desarrollo económico y social de sus países.

El desempleo y la informalidad juvenil tienen múltiples causas y consecuencias, que se relacionan con factores estructurales, coyunturales e individuales que dañan las oportunidades laborales. Entre los factores estructurales, se destacan la baja demanda de mano de obra calificada, la rigidez de las normas laborales, la falta de articulación entre el sistema educativo y el mercado de trabajo, y la desigualdad social y de género. Entre los factores coyunturales, se encuentran la crisis económica, la pandemia de COVID-19, y los cambios tecnológicos y productivos. Entre los factores individuales, se mencionan la baja escolaridad, la falta de experiencia, la discriminación, y las preferencias y actitudes de los jóvenes.

El desempleo y la informalidad juvenil tienen efectos negativos tanto para los propios jóvenes como para la sociedad en su conjunto. Para los jóvenes, implica una pérdida de oportunidades laborales, de ingresos, de autoestima, de participación y de ciudadanía. Para la sociedad, supone un desperdicio de talento, de productividad, de innovación, de cohesión y de democracia.

Los desafíos y las perspectivas ante el nuevo escenario laboral

El mercado de trabajo en América Latina está experimentando profundas transformaciones, que plantean nuevos desafíos y oportunidades laborales para los jóvenes. Entre estas transformaciones, se destacan la digitalización, la automatización, la economía verde, la economía naranja, la economía social y solidaria, y la economía del cuidado. Estas tendencias implican cambios en las formas de organización, de producción, de consumo, y de relación entre los trabajadores, los empleadores, los clientes, y el Estado.

Estos cambios suponen una mayor demanda de competencias técnicas, cognitivas, socioemocionales y ciudadanas, que los jóvenes deben desarrollar para adaptarse al nuevo escenario laboral y así encontrar oportunidades laborales. Al mismo tiempo, ofrecen nuevas posibilidades de inserción laboral, de emprendimiento, de innovación, y de participación social, que los jóvenes pueden aprovechar para generar valor agregado, diferenciarse, y contribuir al desarrollo sostenible.

Para enfrentar estos desafíos y aprovechar estas oportunidades, los jóvenes requieren de políticas públicas integrales, que articulen las dimensiones educativa, laboral, social y ambiental, y que involucren a los actores relevantes del sector público, privado, académico, y de la sociedad civil. Estas políticas deben tener en cuenta la diversidad de situaciones, necesidades, intereses y aspiraciones de los jóvenes, y promover su protagonismo, su autonomía, y su inclusión, solo así se conseguirán oportunidades laborales.

Algunas posibles soluciones para mejorar las oportunidades laborales de los jóvenes

A continuación, se presentan algunas posibles soluciones para mejorar las oportunidades laborales de los jóvenes en América Latina, basadas en las buenas prácticas identificadas por la OIT y la CEPAL.

  • Hacer del empleo juvenil una prioridad en la agenda del diálogo social entre los actores fundamentales de la economía, y establecer mecanismos de coordinación, seguimiento y evaluación de las políticas públicas.
  • Apoyar el espíritu emprendedor de los jóvenes, para que pongan en práctica sus propias iniciativas, a través de sistemas de microcrédito, incubadoras de empresas, asesoría técnica, legal y financiera, y redes de apoyo.
  • Mejorar la eficiencia y la cobertura de los servicios de empleo, que brinden a los jóvenes información, orientación, intermediación, capacitación, y certificación de competencias, acordes con las demandas y tendencias del mercado laboral.
  • Fortalecer la articulación entre el sistema educativo y el mercado de trabajo, para estimular la innovación, la calidad, la pertinencia, y la equidad de la oferta educativa, y facilitar la transición de la educación al trabajo.
  • Incrementar los sistemas de pasantías, prácticas, y aprendizajes, para consolidar la formación profesional de los jóvenes en las empresas y el sector público, y favorecer su inserción laboral formal y de calidad.
  • Ampliar el acceso de los jóvenes a un sistema de créditos educativos, transferencias monetarias condicionadas, y becas salario, para que puedan continuar su formación y recalificación laboral, y superar las barreras económicas que limitan su trayectoria educativa.
  • Facilitar que las mujeres jóvenes se mantengan en el mercado laboral, a través de servicios de cuidado infantil y de adultos mayores, y de políticas de conciliación entre la vida laboral, familiar y personal.

Conclusiones

La juventud es un recurso valioso para el desarrollo de América Latina, pero también es un sector vulnerable y desfavorecido en el mercado laboral. El desempleo y la informalidad juvenil son problemas graves, que afectan el bienestar, el progreso, y la democracia de la región. Para superar estos problemas, se requiere de una visión integral, participativa, y prospectiva, que reconozca la diversidad, el potencial, y los derechos de los jóvenes, y que les brinde oportunidades reales de inserción laboral digna, productiva, y sostenible.

Referencias bibliográficas

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